El impedimento de expresión y circulación de los grupos de
Gagá en la Región Este
del país y la extralimitación de poderes por parte de las autoridades locales,
plantean la urgente necesidad de un debate público sobre los temas básicos de
políticas culturales, tales como las Identidades, la Diversidad , el
Pluralismo y los Derechos Culturales.
Este año, durante la recién pasada Semana Santa, el Alcalde
Gerardo Casanova, del Municipio de El Seibo, impidió que el “Gagá de Moreno”,
perteneciente a esa misma comunidad, entrara en su tradicional recorrido a la
ciudad. Pero tal acción no constituye una postura aislada. De igual manera,
está sucediendo en Higuey y en La
Romana , donde el Fiscal José Polanco y el nuevo Alcalde Tony
Adames, mantuvieron la posición de no permitir que las agrupaciones de Gagá
tocaran en los barrios del municipio.
Según lo publicado en Diario Libre, el pasado lunes 9 de
abril, las autoridades actuaron por solicitud de sacerdotes y pastores de las
iglesias católica y evangélica; quienes acusan al Gagá de “promover actividades
de la religión vudú” y de “realizar ritos atentatorios y contrarios a la
tradición cristiana”; lo cual caracterizan como algo “satánico”, que se realiza
en honor al demonio. Nada más alejado de la realidad de esta tradición
religiosa, danzaria y musical que se extiende en toda la isla, que llega a
través de Haití, pero que ya forma parte integral de la Cultura Dominicana.
Evidentemente, estas autoridades desconocen o deciden
intencionalmente irrespetar los mandatos de nuestra propia Constitución. La
cual, desde el artículo 45 al 49, plantea con toda claridad y precisión lo
concerniente a “la Libertad
de Conciencia y de Cultos”, “la
Libertad de Tránsito”, ·Libertad de Asociación” y “Libertad
de Expresión y de Circulación”.
Pero aún más, el Artículo 64 de la nueva Constitución
dominicana, promulgada el 26 de enero
del 2010, aborda de manera expresa, por primera vez en nuestra historia, el
tema de “Los Derechos Culturales”; representando la concepción más avanzada y
crítica de la cultura, como expresión de lo humano y del desarrollo integral.
Lo cual fue el resultado de una propuesta que encabezáramos, en el momento que
asumíamos la presidencia de la Red Dominicana de Culturas Locales y que fue
aprobado por unanimidad en la Asamblea Nacional.
Este artículo habla, con diáfana claridad, del “derecho a participar y actuar con libertad y
sin censura en la vida cultural de la
Nación ”; de que el Estado deberá establecer “políticas que
promuevan y estimulen las diversas manifestaciones y expresiones populares de
la cultura dominicana”. Y que “garantizará la libertad de expresión y la
creación popular, así como el acceso a la cultura en igualdad de oportunidades
y promoverá la diversidad cultural”, de la cual el Gagá es una expresión
esencial.
Y si nos vamos al plano internacional, el caso es todavía
más grave, ya que nuestro país es signatario de la Declaración Universal
de la UNESCO
sobre la
Diversidad Cultural , erogada el 2 de noviembre de 2001. Por
tal razón, toda autoridad, municipal, provincial o nacional, debe mantenerla
como referencia, respetando y aplicando cada uno de sus enunciados.
Ya es tiempo de sobrepasar los parámetros ideológicos
heredados del colonialismo, del neocolonialismo republicano, del trujillismo y
del reformismo cultural ultraconservador, que todavía enarbolan muchas de
nuestras autoridades. Ese que aún incentiva el antihaitianismo, el racismo, los
prejuicios y las discriminaciones de las culturas populares. Ese que aún no
reconoce ni valoriza la dimensión de lo negro en nuestra cultura y, mucho
menos, los trascendentes aportes de África a la conformación histórico-cultural
de la dominicanidad.
El Estado dominicano es constitucionalmente laico, y en base
a tal fundamento deben elaborarse y aplicarse las políticas culturales oficiales;
no a partir de las presiones o intereses de grupos religiosos particulares. La
conformación de un Estado de Derecho no se hace exclusivamente con discursos,
se construye con hechos, con las voluntades de sus líderes, el apego a las
leyes y las acciones consecuentes de las autoridades locales y nacionales.
Tengamos claro, que más allá del Gagá, laten día a día las
expresiones más profundas del pueblo dominicano, como parte de una Cultura
Viva, colectiva, comunitaria y ancestral. Allí están sonando a cada instante
los Palos o Atabales, Los Congos del Espíritu Santo, La Jerapega , El Priprí, La Sarandunga , el Bambulá,
Los Guloya, La Comarca ,
La Salve y
muchos más.
En definitiva, el complejo y profundo mundo de las
religiones populares, integrantes plenas de la cultura dominicana, espera en
silencio su reconocimiento, valoración y protección por parte del Estado.
Las autoridades competentes, en especial el Ministerio de
Cultura, deberá tener la voz cantante y la clara determinación de impulsar un
proceso de promoción y aplicación, por parte de todas las autoridades, de los
mandatos emanados del Artículo 64 sobre “Los Derechos Culturales” de la actual
Constitución dominicana; teniendo como prioridad los temas de la Identidad , la Diversidad y el
Pluralismo Cultural.





